Dentro de las investigaciones
que hemos realizado con respecto al tema que nos atañe como eje principal de
este blog y que es nuestro interés, está una investigación realizada el año
el año 2011 por una revista cubana de pedide atría (Pineda & Pérez, 2011)
acerca de la musicoterapia utilizada con fines terapéuticos en niños con
síndrome de Down. Esto nos llevó a la pregunta ¿Es posible que esta misma
intervención pueda darse en distintos contextos educativos?
Dentro del estudio revisado, se
menciona que desde tiempos antiguos se utiliza la música para fines
terapéuticos en niños y adultos con necesidades especiales a causa de
enfermedades neurológicas y genéticas (Pineda & Pérez, 2011), pero que
desde mitad del siglo XX se ha comenzado a investigar más sobre el tema. A
través de este estudio, se logró demostrar la eficacia de la musicoterapia en
el tratamiento de los niños con síndrome de Down, además de recoger información
sobre la opinión de profesoras, padres y madres de los niños tratados para que
según los resultados estos puedan ser probados en otras instituciones. Según
los autores (Pineda & Pérez, 2011) estas serían las ventajas de la
musicoterapia:
“Compartimos la idea de que la música tiene un efecto positivo sobre
el sistema nervioso, al activar vías neurológicas que resultan en un
mejoramiento de la capacidad intelectual y el aprendizaje. Además, la
creatividad puede estar ligada en ocasiones al desarrollo emocional. Los niños
con síndrome de Down provienen de hogares con características socioeconómicas
diversas y de padres con diferentes niveles de escolaridad y educacional, lo
que puede influir en los resultados de esta terapia en cada niño. Nicholson en
su investigación provee evidencias del potencial efectivo de la musicoterapia
en la intervención educativa temprana, dado que promueve relaciones positivas
entre padres e hijos, propicia el desarrollo social y la comunicación, y mejora
las actividades educacionales en el hogar”
Creemos
que si hay estudios como este que avalan una influencia positiva de la música
en el tratamiento de niños con Síndrome de Down, sus resultados son
perfectamente extrapolables a todo contexto terapéutico y sobretodo educativo.
Efectos como la promoción de relaciones positivas entre los pares, cohesión
grupal, y mejoramiento de las relaciones entre padres e hijos pueden darse
tanto en contextos de terapia como contextos educativos en el aula y en la
escuela en general, promoviendo también la participación democrática de sus
integrantes.
Hace
falta en nuestro país una visión distinta a la educación formal que se ha ido
impartiendo durante años, y es que la visión predominante está dentro de un
contexto altamente competitivo e individualista, donde cada uno de los
estudiantes debe velar por su propio camino en vistas al éxito académico y
posteriormente el éxito laboral. Pero es un camino que deben afrontar solos, lo
cual deja fuera muchas otras cualidades que se deben reforzar tales como el
compañerismo, la capacidad de trabajar en conjunto, la solidaridad y la calidad
de las relaciones interpersonales en general. Se debe buscar herramientas que
ayuden a reforzar estos valores y dar una vuelta de tuerca a la visión
educativa actual, promoviendo un camino en conjunto y en comunidad. Para ello,
tomar aportes y evidencias que nos brindan estudios como el revisado, es un
ejercicio completamente necesario, puesto que estas mismas evidencias nos
indican los efectos positivos de prácticas como la musicoterapia en contextos
terapéuticos, tanto para el propio individuo como para quienes le rodean y
acompañan. Con ciertas modificaciones para un contexto que debe abarcar mucho
más, tal y como es el contexto educativo, puede ser de gran utilidad en el
desarrollo escolar, pero sobretodo afectivo e interpersonal de nuestros
estudiantes.
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